top of page
Anchor 1

“Terra incognita” era el término en latín que se utilizaba en la representación de mapas para denominar el territorio aún no explorado, aquellas tierras desconocidas por el hombre occidental. 

El recuerdo de mi ascendencia femenina está condicionado. La información transferida sólo desde una mirada en particular, heredada del patriarcado, arrastra vacíos, huecos, terrenos ignorados. Gran parte de mi [nuestra] historia queda marcada bajo aquella denominación, la de tierra incógnita.

 

Las anécdotas familiares, las fotografías del álbum, son trasmitidas bajo una mirada masculinizada. Esta problemática me lleva a buscar representar cómo percibo aquel territorio desconocido, tergiversado dentro de mi familia. ¿Cómo me acerco a rastrear aquellas regiones remotas de femineidad?

 

Una cartografía de la memoria genealógica surge de la apropiación de lo instaurado, y es a través de cerámica, hilos, telas y tinta, que va definiendo cuerpas que se ocultan y aparecen. Las mujeres de mi pasado, no sólo se dan a conocer en islas propias, hipotéticas, sino que también se apropian de mapas existentes para hacerlos suyos. Mediante su transformación, su rotación, se hacen presentes. Es sólo desde otro ángulo que es posible descubrir la posición de mis ancestras. 

Y es en esta excavación del recuerdo que intento con cada punzada reconstruir [o recuperar] mi percepción respecto a mis tías, bisabuelas, abuelas y madre. 

 

Observando la historia de mi genealogía femenina y los mapas que la configuran, algunas preguntas permanecen: ¿Qué parte de la historia de las mujeres peruanas representa?, ¿quiénes son recordadas?, ¿la historia de quiénes puede ser aún designada como “tierra incógnita"? 

bottom of page