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Sobre cuerpas fronterizas, 2018

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El género no solo es una construcción cultural, sino que nuestros cuerpos también son interpretables gracias a una serie de normas que construimos como sociedad. Actualmente, estas normas están determinadas por el lenguaje médico. La clasificación social basada en el sexo es una elección que define a la mujer como el otro cuerpo, sujeto a dictados sociales y políticos. Su identidad se define por acuerdos externos que deciden sobre sus fragmentos.

 

El cuerpo como frontera. Se relaciona bidireccionalmente con el entorno sociocultural, constituyéndose para y por él.

 

Pero, ¿qué pasaría si percibiéramos nuestro cuerpo más allá de nuestra individualidad? ¿Si la tierra fuera una extensión de nosotros? ¿Qué pasaría si mis pies no fueran mis límites, sino las rocas sobre las que estoy parada? ¿Si mis agujas de coser fueran una extensión de mis manos?

 

Al transformar nuestra percepción del territorio, se disuelve nuestra individualidad y se deconstruyen los elementos culturales que limitan nuestro cuerpo. La destrucción de la estructura de género implica el derribo de las construcciones culturales que definen los cuerpos desde el momento del nacimiento.

 

En esta obra, veo a Sudamérica reflejada en un espejo, y en su reflejo, la tierra se convierte en un cuerpo. Cuerpos olvidados emergen para fundirse con el territorio, borrando la frontera.

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