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Este proyecto busca trazar la construcción de un nacionalismo peruano propio del sistema hetero patriarcal extractivista, nacionalismo que se edifica desde la opresión sistemática de los cuerpos de las mujeres y de sus territorios.

 

El vals “Y se llama Perú” del compositor peruano Augusto Polo Campos establece el ritmo de las piezas.

 

El cuerpo de las mujeres es colonizado cual territorio. Los cuerpos se convierten en herramientas de control, espacios a dominar. Esto se evidencia en la década de los 80, en los años de violaciones sexuales sistemáticas por las Fuerzas Armadas, y después en 1990, durante el gobierno del dictador Alberto Fujimori, con la ejecución de miles de esterilizaciones forzadas.

 

Las tierras explotada y devastada para beneficio del desarrollo económico reflejan estas opresiones. El extractivismo es un proyecto bio político bajo el cual la Tierra es un cuerpo a explotar. La industria extrae materia prima hasta secarla. Los impactos ambientales son irreversibles. El Hombre se erige como soberano. Culturalmente, las mujeres han tenido un lazo especial con la madre tierra, idea continuamente mencionada por pensadoras eco-feministas como Alicia Puleo.  Rocío Silva Santiesteban menciona como las mujeres tejen lazos con los cultivos, la tierra, las plantas, la comida y los animales en su libro "Mujeres y conflictos territoriales". 

Las mujeres sangran tierra.

 

La mayoría de los ataques de parte de políticas gubernamentales contra los cuerpos de las mujeres ocurrieron en la periferia de nuestro país y se ejecutaron en determinadas regiones. Esta serie de cuatro piezas retrata algunas de estas regiones del Perú: Ayacucho, Junín y San Martín. El mapa del lago Titicaca (en reemplazo de la región de Puno), con toda la mitología que carga, define el primer verso de la canción. 

 

Entender la importancia de estas locaciones es clave. 

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